En
1998 nos animamos a dar un paso más, e invitamos a
Daniel Poli -autor de "Je
sús te seguiré"- a acompañarnos durante la noche y animar un momento de la velada. Resultó gratificante y enriquecedor escuchar a Daniel, y cantar con él sus canciones. Nos ayudó a reflexionar y a meditar en un estilo bien juvenil.
Habiendo descubierto la sensación de rezar juntos con música, en
1999 convocamos a
Carlos Seoane, un profundo músico cristiano, verdaderamente comprometido con la evangelización. Y vino además acompañado por su gran amigo -y ahora amigo nuestro-
Juan Carlos Pisano, catequista y periodista, actor y director del periódico
Diálogo y
La Hojita del Domingo.
Juan Carlos, desde su didáctica para la catequesis, y en conversación con Carlos, nos fue guiando hacia la reflexión de la importancia de reconocer a Jesús como nuestro Pastor, como modelo a seguir, como fuente de Vida.
Ese mismo año pudimos contactar a
Mamerto Menapace que, finalmente, no pudo venir para la Pascua Joven, y postergó su visita a Bernal para mediados de año. Pero nos recibió en su casa del
Monasterio Benedictino de Los Toldos y, entre mate e historias compartidas, nos grabó un video especialmente dedicado a los jóvenes que participarían en la velada. Y aunque fuera a través de una pantalla, su mensaje caló hondo en nuestros corazones y llegó a cada uno con su sencillez y calidez campestre.
En el
2000 invitamos a
Eduardo Meana, sacerdote salesiano y gran compositor. Quienes organizamos la Pascua Joven sentimos gran admiración por él: porque él fue el
alma mater de las primeras Pascuas que conocimos en Buenos Aires, porque él nos enseño con sus canciones que San Agustín tenía razón al decir que
quien canta reza dos veces. Aunque cantando con Eduardo, aquella noche, rezamos mucho más que dos veces...
La participación de Eduardo en la Pascua estaba prevista para las 0:00 hs, y calculamos que podía durar una hora y media. Así que Eduardo comenzó su parte a la hora prevista, sentado en un banquito, con su guitarra y un bolsito de recuerdos a su lado. Y terminó
a las seis de la mañana.
Nos cautivó a todos. Hasta quienes habíamos organizado las actividades de aquella noche no pudimos más que sentarnos y escuchar, y cantar, y rezar. Era como si no pudiéramos despegarnos del suelo. Incluso, a las tres de la mañana, el mismo Eduardo sugirió hacer una pausa como para ir al baño. Y de los ochocientos que éramos aquella noche no se levantaron más de veinte.
Recordamos especialmente la Pascua Joven del 2000, como la noche en que nos tuvimos que guardar
tres meses de organización en el bolsillo. Y hacerlo,
fue un placer.
Desde acá, y ojalá les llegue este página, queremos agradecer sinceramente a todos los que colaboraron en estas doce Pascua Jóvenes. A los que se sentaron a pensar las dinámicas, los gestos y las reflexiones, a los que armaron y decoraron la Iglesia o el Patio para cada ocasión, a los que se quedaron a desarmar hasta las 8 de la mañana, a los músicos y cantantes, a los invitados especiales, a los salesianos de la Casa que siempre apoyaron la organización de la Pascua Joven, a los salesianos de otras Casas, a los padres Inspectores que tanto nos ayudaron: Luis, Tony y Horacio, a los sacerdotes de la diócesis de Quilmes, al padre Obispo Luis y al querido y recordado padre Obispo +Jorge Novak, a los Cooperadores Salesianos, a los ADB, a todos los grupos de la Casa de Bernal que han colaborado siempre con la Pascua Joven: a la Comunidad Jornadista del Encuentro, al Batallón 6 de Exploradores Argentinos de Don Bosco, a las Comunidades Juveniles, a las agrupaciones parroquiales, a quienes donaron de su tiempo, a quienes donaron galletitas y yerba, té, café, jugo, etc... Y gracias a todos los jóvenes que vienen, que han venido y que seguirán viniendo a la Pascua Joven de Bernal.